Por Luis Enrique López Carreón

Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima

Conforme a lo que se puede leer en las redes sociales de mayor popularidad, pudiéramos decir que el tema central nacional que están metiéndonos hasta en la sopa que comemos a diario, es lo relacionado a los horrores que se dice sufrieron, algunos incluso hasta la muerte, un grupo numeroso de personas que mantuvieron cautivas en un lugar de Teuchitlán Jalisco, un pequeño municipio que antes de todo esto era prácticamente desconocido para muchos mexicanos.

¿Qué tipo de horrores indescriptibles e inhumanos ocurrieron ahí que no hayan pasado antes en ninguna otra parte del país, que han acaparado hoy los reflectores de casi todos los medios de comunicación de todo tipo? Sinceramente yo no lo imagino. Creo haber leído, visto y oído con sumo cuidado todo cuanto se ha dado a conocer sobre el tema; pero de he de confesar que aún no me hago una idea clara de lo que realmente pasó ahí de manera concreta.

Escuché primero con mucho respeto lo que dijeron las madres buscadoras, y me solidaricé profundamente con su dolor y sufrimiento desesperado. En realidad, yo creo que nadie que no haya perdido aún un ser querido de la manera en que muchas madres lo perdieron, pueda decir sin estar cosciente que miente, que realmente siente lo que ellas sufren con su terrible pérdida. Ante el umbral del dolor más doloroso imaginado posible, ellas acusaron de la masacre ahí imaginada con las evidencias mudas, a la indolencia de los gobiernos y al crimen organizado.

Luego, todos vimos y escuchamos lo que dijeron y siguen diciendo los gobiernos de ahora que se dicen del pueblo; y experimente, seguramente que muchos mexicanos también, una terrible, profunda e insolente sensación de abandono gubernamental. Desde el gobierno federal acusaron a los medios, las madres buscadoras, y al morbo de la opinión pública de magnificar la nota sobre la masacre que se presume en Teuchitlán: ¡es golpeteo mediático contra gobierno!, dijeron algunos. Vino después el informe de la Fiscalía General de la República (FGR), y creo que quedamos peor.

Y cuando ya pensábamos que lo habíamos visto todo acerca del tema, para asombro inaudito de los agraviados, nos topamos también en las redes sociales con otra versión de los hechos de Teuchitlán, pero esta vez, en voz de los mismos que todo mundo creía responsables materiales de la masacre denunciada; los presuntos victimarios en su derecho de réplica se declararon víctimas: ¡no es un centro de adiestramiento y exterminio! las madres buscadoras “manipularon los hechos”, dijeron.

Por eso es que yo afirmo, que, no obstante, todo lo dicho, no sabemos aún con exactitud y certeza científica lo que realmente pasó con los dueños de los zapatos, la ropa, accesorios y fragmentos de osamentas que encontraron las madres buscadoras desde el primer día en Teuchitlán. No me queda, por tanto, sino sumarme por ahora a todos aquellos que en estos momentos reclaman del gobierno y de las autoridades correspondientes que descubran la verdad, toda la verdad; y que dado el caso, se haga justicia en favor de los agraviados.

Pero, si no podamos saber con certeza qué les pasó a los miserables que ahí tal vez sufrieron hasta la muerte, en cambio, sí podemos saber y con mucha seguridad, qué fue lo que los llevó hasta ese infierno que pintan las madres buscadoras con las primeras evidencias que encontraron. Veamos.

Primero. Todo mundo sin excepción afirma que las evidencias encontradas en Teuchitlán dicen a las claras que ahí se venía cometiendo un delito, mismo que involucraba a dos grupos numerosos de personas: las víctimas y los victimarios; y que, dado el número de participantes, este delito se cometió en un lapso de tiempo suficientemente largo como para ser detectado por los órganos de inteligencia y de seguridad del gobierno mexicano. La cuestión aquí es, si las autoridades encargadas de la seguridad de los mexicanos sabían de la existencia de este lugar, ¿por qué nunca dijeron nada, cuando menos para prevenir y salvar a las posibles víctimas?

Segundo. Se afirma también que todas, o la mayoría de las víctimas que se dice desaparecieron ahí de manera violenta, fueron llevadas a la fuerza o engañados con el señuelo del ofrecimiento de un trabajo seguro, y bien pagado para garantizar su sustento y el de sus familias, como lo confirma la evidencia de maletas con ropa y objetos personales encontrados. La pregunta aquí sería, entonces, ¿qué dicen a todo esto, aquellos que decían que las ayudas monetarias a través de tarjetitas serían la salvación de todos los más pobres de México?

Y tercero. Por lo que se dice, y conforme a las humildes pertenencias encontradas, todos los dichos coinciden en que la inmensa mayoría de quienes se supone ahí desaparecieron violentamente, eran en su gran mayoría padres, esposos, hermanos, hijos, sobrinos, etcétera, de familias muy pobres de diversos lugares que, desesperados por su terrible situación económica en que vivían, se dejaron llevar por la promesa de un trabajo seguro y remunerador; es decir, que, si en Teuchitlán hubo un campo de exterminio, los exterminados eran de los más pobres entre los pobres del pueblo. ¿Qué dice a todo esto el gobierno que le debe su triunfo al pueblo sabio, aquel gobierno que, por tan bueno se autonombró Segundo piso de la 4T?

Finalmente quedan los que fueron llevado ahí por la fuerza, secuestrados tal vez; pero a juzgar por el número de maletas, mochilas y zapatos mostrados por las primeras imágenes de las madres buscadoras, es claro que la mayoría de las personas llegó ahí creyendo que, por fin, después de todo un sexenio de la 4T, había encontrado un trabajo para ganar el sustento de los suyos.

La lección de lo que hemos visto hasta aquí es indispensable y necesaria: un gobierno que no garantiza la seguridad y la vida del pueblo, no es un gobierno del pueblo. ¿Cuántas madres de hijos de magnates y empresarios ricos llegaron a Teuchitlán a preguntar por los despojos de sus hijos o familiares? Ninguna. Los lugares como Teuchitlán el gobierno los deja para los pobres. El cambio que el pueblo mexicano necesita está pendiente

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